La actriz Francisca Imboden, conocida por su papel en la teleserie «Romané», ha compartido sus experiencias sobre el trato que recibían las mujeres en la industria televisiva a finales de los años 90. En una reciente entrevista en el podcast «M de Mujer», Imboden recordó cómo los estándares de belleza impuestos en ese entonces afectaron su autoestima y cómo el machismo estaba presente en cada rincón de las producciones.
### La presión de los estándares de belleza
Imboden comenzó su carrera en un entorno donde la delgadez era un requisito casi obligatorio. «Yo nunca he sido flaca total, se usaban mucho las flacas… Siempre me decían que tenía que adelgazar», confesó. Esta presión constante la llevó a cuestionar su apariencia, llegando a pensar que era «fea». Sin embargo, su perspectiva cambió cuando encontró su lugar en el teatro, donde pudo sentirse más cómoda con su cuerpo. «Logré sentirme, no bonita, pero sentirme propia y sentirme bien conmigo misma», afirmó.
La llegada a la televisión, sin embargo, trajo consigo nuevos desafíos. Imboden recordó cómo la industria no solo exigía un físico ideal, sino que también manipulaba la percepción de las actrices. «Te ponen un blue jeans más chico que tu talla, y te empiezas a sentir gorda, que te ves mal. Además, la tele también agranda», explicó. Esta experiencia la llevó a un punto de inflexión en el que se dio cuenta de que no le gustaba cómo se veía en pantalla. A pesar de las dificultades, Imboden ha logrado superar esas inseguridades y ahora se siente más segura de sí misma.
### El machismo en el set
La actriz también compartió anécdotas sobre el trato desigual que existía en los sets de grabación. Imboden relató un episodio en el que un camarógrafo hizo un comentario despectivo sobre su cuerpo a través del sistema de sonido. «No soporté en un momento y me fui de un grupo porque a las mujeres nos gritaban por el sono: ‘Cállate tonta’, ‘hunde la guata Imboden’, ‘que te ves fea’, ‘quédate callada’, ‘calladita te ves más bonita'», recordó. Este tipo de comentarios no eran aislados y reflejaban una cultura de machismo que se normalizaba en la industria.
A diferencia de las mujeres, los hombres en el set parecían tener más libertad para comportarse de manera inapropiada. «Ellos podían llegar curados, con problemas de drogas y había que esperarlos para que se recompusieran para poder decir el texto, pero si tú decías que tu hija estaba enferma: ‘No po, usted quiso tener hijos, no nos podemos encargar de tu guagua, no puedes venir con niños al set'», explicó Imboden. Esta doble moral evidenciaba una clara desigualdad de género en el ambiente laboral.
A pesar de las adversidades, Imboden no se quedó callada ante los comentarios ofensivos. Recordó una discusión con un camarógrafo que le hizo un comentario vulgar sobre su cuerpo. «Era una ordinariez sobre mi cuerpo: ‘Dale el dato del ginecólogo porque tenía bueno el culo y las tetas’. Y le dije: ‘No, nosotros no somos amigos, no corresponde'», relató. Aunque el camarógrafo se enojó y trató de sabotear su trabajo, Imboden se mantuvo firme en su postura.
La actriz enfatizó que no es aceptable que se hagan comentarios sobre el cuerpo de las mujeres, incluso si se disfrazan de halagos. «Eran unas transgresiones horribles, validadas absolutamente por los directores de ese momento. Un machismo exacerbado, no lo aguanté mucho, siempre fui media chucara», concluyó.
Las experiencias de Francisca Imboden son un reflejo de los desafíos que muchas mujeres enfrentan en la industria del entretenimiento. Su valentía al compartir estas historias no solo ayuda a visibilizar el machismo en la televisión, sino que también inspira a otras a alzar la voz y luchar por un ambiente laboral más justo e igualitario.
