La reciente visita de Gustavo Villatoro, Ministro de Seguridad y Justicia de El Salvador, a Chile ha reavivado el interés por el modelo de seguridad implementado en su país bajo la administración de Nayib Bukele. Este enfoque ha sido objeto de controversia, pero también ha mostrado resultados significativos en la reducción de la criminalidad. Durante su estancia, Villatoro se reunió con figuras clave del Partido Republicano chileno, incluyendo a José Antonio Kast, quien ha expresado su interés en emular ciertos aspectos de la experiencia salvadoreña en el control del crimen organizado.
**Un Modelo Exportable**
Villatoro sostiene que el modelo de seguridad de El Salvador es exportable a otros países de América Latina, incluyendo Argentina, donde ya se están implementando reformas similares. Según él, el enfoque salvadoreño se basa en la necesidad de descifrar y desmantelar las leyes que han permitido que las organizaciones criminales operen con impunidad. Un ejemplo de esto es la ley del menor infractor de 1997, que otorgaba impunidad a los jóvenes delincuentes, lo que, según Villatoro, ha contribuido a la crisis de seguridad en la región.
El ministro enfatiza que la situación en El Salvador era crítica, enfrentándose a un Estado criminal paralelo que superaba en poder al Estado de Derecho. Sin embargo, destaca que cada país tiene su propia realidad y que el modelo debe ser adaptado a las circunstancias locales. En el caso de Chile, Villatoro observa similitudes con la situación argentina, donde las bandas criminales han comenzado a tomar el control de ciertas áreas.
**Control de las Cárceles: Clave en la Lucha Contra el Crimen**
Uno de los pilares del modelo salvadoreño es el control estricto de las cárceles. Villatoro explica que, en el pasado, los miembros de organizaciones criminales podían comunicarse y coordinar actividades delictivas desde dentro de las prisiones. Para contrarrestar esto, El Salvador ha implementado un régimen severo en sus cárceles, donde los delincuentes no tienen acceso a beneficios que podrían facilitar su comunicación con el exterior. Este enfoque ha sido criticado por organismos de derechos humanos, pero Villatoro defiende la necesidad de estas medidas para garantizar la seguridad de la población.
El Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), donde se alojan los criminales más peligrosos, ha sido diseñado específicamente para evitar que estos individuos puedan influir en el mundo exterior. Villatoro menciona que el Cecot no es para cualquier delincuente, sino para aquellos que han cometido crímenes atroces, como asesinatos en serie. Este enfoque busca enviar un mensaje claro a la población: el crimen no será tolerado.
**Desafíos y Críticas**
A pesar de los resultados positivos en términos de reducción de la criminalidad, el modelo de Bukele ha enfrentado críticas por su enfoque severo y la falta de consideración por los derechos humanos. Villatoro, sin embargo, argumenta que la prioridad debe ser la seguridad de los ciudadanos, y que las medidas drásticas son necesarias para combatir a organizaciones criminales que han causado estragos en la sociedad salvadoreña.
El ministro también se refiere a la importancia de la voluntad política en la implementación de estas políticas. Según él, la decisión de un gobierno de enfrentar el crimen organizado de manera efectiva es crucial. En su experiencia, los gobiernos anteriores en El Salvador no lograron resultados significativos a pesar de contar con la misma infraestructura y recursos. La diferencia radica en la determinación de Bukele y su administración para tomar medidas decisivas.
**Recomendaciones para Chile**
Durante su visita a Chile, Villatoro compartió recomendaciones con Kast y su equipo sobre cómo abordar el problema del crimen organizado en el país. Una de las claves es realizar un análisis exhaustivo de la historia reciente para identificar en qué momento se perdió el control y qué medidas se pueden implementar para recuperarlo. Villatoro enfatiza que no se trata de copiar un modelo, sino de crear una estrategia adaptada a las necesidades y realidades chilenas.
La experiencia salvadoreña demuestra que, aunque el camino es difícil y lleno de obstáculos, es posible lograr un cambio significativo en la seguridad pública. Villatoro concluye que la lucha contra el crimen organizado requiere no solo de estrategias efectivas, sino también de un compromiso firme por parte de los líderes políticos para priorizar la seguridad de sus ciudadanos por encima de las críticas externas.
