La propuesta del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, de establecer un «corredor humanitario» para facilitar el retorno de migrantes venezolanos ha encontrado una fuerte oposición en Perú. Este plan, que busca permitir que decenas de miles de venezolanos regresen a su país, fue discutido en una reciente reunión entre Kast y el nuevo presidente peruano, José Jerí. Sin embargo, Jerí ha descartado la idea, señalando que se deben explorar otras alternativas para abordar la situación de los migrantes irregulares.
La negativa de Perú a aceptar el corredor humanitario se basa en preocupaciones sobre la seguridad y la capacidad del país para manejar un flujo masivo de migrantes. Jerí, quien asumió el cargo en octubre de 2025 tras la destitución de Dina Boluarte, enfatizó que el gobierno peruano debe encontrar métodos más efectivos y seguros para ayudar a los migrantes. «Esa medida está descartada y tenemos que ver con Cancillería qué método vamos a poder, en forma colectiva, para darles las facilidades para que los irregulares puedan volver a su país», afirmó.
La propuesta de Kast ha sido criticada por diversas figuras políticas en Perú. José Luis Pérez Guadalupe, exministro del Interior, expresó su escepticismo sobre la viabilidad del plan, sugiriendo que la situación es mucho más complicada que simplemente organizar un retorno masivo. «Estamos hablando de cientos de miles de migrantes. Y eso es mucho más difícil. Ni siquiera en un barco. Varios barcos, pero tendrían que cruzar el canal de Panamá, con lo que eso implica en costos», comentó. Pérez Guadalupe también sugirió que una alternativa más efectiva podría ser el uso de vuelos aéreos para facilitar el retorno de los migrantes.
Desde la plataforma X, el congresista peruano Jorge Montoya también se manifestó en contra del corredor humanitario, advirtiendo que su implementación podría resultar en un aumento de la migración irregular hacia Perú. Montoya argumentó que aceptar el corredor significaría que miles de migrantes ilegales ingresarían a Perú, lo que podría poner en riesgo la seguridad de las regiones del sur del país, como Tacna y Arequipa. Además, recordó que Perú ya ha recibido una gran cantidad de migrantes, siendo el segundo país en América Latina con más venezolanos después de Colombia.
La preocupación por la seguridad también fue abordada por el excanciller peruano Manuel Rodríguez Cuadros, quien instó al presidente Jerí a no aceptar ser un «país de tránsito» para las deportaciones chilenas. Rodríguez Cuadros enfatizó que es responsabilidad del gobierno chileno manejar sus propias fronteras y que cualquier expulsión de migrantes debería realizarse preferentemente por vía aérea o marítima.
La opinión pública en Chile también refleja un escepticismo considerable hacia la propuesta del corredor humanitario. Un sondeo reciente reveló que solo el 37% de los chilenos considera que el corredor tiene posibilidades de éxito. Un 31% de los encuestados cree que es «poco o nada probable» que el plan funcione, lo que indica una falta de confianza en la capacidad del gobierno para implementar una solución efectiva a la crisis migratoria.
La situación de los migrantes venezolanos en Perú es compleja. A lo largo de los años, el número de venezolanos en el país ha aumentado significativamente, y muchos de ellos enfrentan dificultades económicas y sociales. La delincuencia, que ha sido un tema candente en la política chilena, también ha sido vinculada a la migración venezolana en Perú. Según datos recientes, la población carcelaria en Perú ha visto un aumento notable de reclusos venezolanos, lo que ha llevado a algunos a cuestionar la relación entre la migración y la seguridad pública.
En este contexto, la propuesta de Kast se presenta como una solución a un problema que ha sido objeto de debate en ambos países. Sin embargo, la falta de apoyo en Perú y la resistencia de las autoridades peruanas sugieren que la implementación de un corredor humanitario podría ser más complicada de lo que inicialmente se pensaba. La discusión sobre cómo abordar la crisis migratoria en la región continúa, con diferentes voces abogando por soluciones que no solo consideren el retorno de los migrantes, sino también su integración y bienestar en los países de acogida.
La situación de los migrantes venezolanos es un reflejo de las tensiones políticas y sociales en América Latina, donde la migración se ha convertido en un tema central en las agendas políticas. A medida que los gobiernos buscan soluciones, es esencial que se consideren las realidades sobre el terreno y se busquen enfoques que prioricen la seguridad y los derechos humanos de los migrantes.
