La reciente situación en Guinea-Bissau ha captado la atención internacional tras el anuncio de un golpe de Estado por parte de oficiales militares. Este acontecimiento se produce en un contexto de inestabilidad política que ha caracterizado al país desde su independencia en 1974. El 26 de noviembre de 2025, los militares declararon haber tomado el «control total» del país, lo que ha generado una serie de reacciones tanto a nivel local como internacional.
Los oficiales militares, liderados por el brigadier general Denis N’Canha, afirmaron que el presidente Umaro Sissoco Embaló había sido depuesto y que todas las instituciones del Estado quedarían suspendidas hasta nuevo aviso. Esta declaración se produjo poco después de que se escucharan disparos cerca del palacio presidencial, lo que llevó a los ciudadanos a buscar refugio. Testigos presenciales informaron que hombres en uniforme militar tomaron el control de las principales arterias de la ciudad, lo que generó un ambiente de caos y temor entre la población.
En un contacto directo con medios de comunicación, el presidente depuesto confirmó su arresto, alegando que no había sufrido violencia. Sin embargo, acusó al jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra de haber orquestado el golpe. Esta situación no es nueva para Guinea-Bissau, un país que ha experimentado múltiples golpes de Estado y crisis políticas a lo largo de su historia.
La comunidad internacional, incluyendo al gobierno de Portugal, ha expresado su preocupación por la interrupción del orden constitucional en Guinea-Bissau. En un comunicado, Portugal instó a todas las partes a evitar la violencia y a buscar soluciones pacíficas a la crisis. La situación es especialmente delicada dado que las elecciones presidenciales y legislativas se llevaron a cabo solo días antes del golpe, el 24 de noviembre, y los resultados aún no se habían validado oficialmente.
### Contexto de las Elecciones
Las elecciones del 24 de noviembre de 2025 fueron descritas por observadores internacionales como «democráticas, libres y participativas». Un millón de electores estaban llamados a las urnas, y las misiones de observación de la Unión Africana, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) y la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) elogiaron el proceso electoral. Filipe Nyusi, expresidente de Mozambique y líder de la misión de la UA, destacó la eficiencia de la Comisión Nacional Electoral (CNE) y el ambiente pacífico en el que se desarrolló la votación.
Sin embargo, la situación política en Guinea-Bissau ha sido históricamente volátil. El presidente saliente, Umaro Sissoco Embaló, había prometido consolidar la paz y la estabilidad, pero su retórica durante la campaña electoral fue incendiaria. La oposición, liderada por el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), no participó en las elecciones, lo que generó un vacío político que podría haber contribuido a la actual crisis.
La falta de participación del PAIGC, que apoyó al candidato opositor Fernando Dias da Costa, ha sido un factor clave en la tensión política. La situación se complica aún más por el hecho de que los resultados provisionales de las elecciones no se conocerán hasta el 27 de noviembre, lo que deja un espacio de incertidumbre que los militares han aprovechado para justificar su intervención.
### Reacciones y Consecuencias
La reacción de la comunidad internacional ha sido rápida y contundente. La Unión Africana y la Cedeao han instado a los actores políticos a resolver cualquier controversia electoral a través de medios legales y pacíficos. La preocupación por la estabilidad en Guinea-Bissau es alta, dado que el país ha sido un punto focal de inestabilidad en la región de África Occidental.
Los ciudadanos de Guinea-Bissau, que han vivido en un estado de incertidumbre política durante décadas, se enfrentan nuevamente a un futuro incierto. La historia reciente del país está marcada por la violencia y la inestabilidad, y muchos temen que este golpe de Estado pueda llevar a un ciclo de represión y conflicto.
Mientras tanto, el presidente depuesto ha hecho un llamado a la calma, aunque su capacidad para influir en la situación es limitada. La comunidad internacional observa de cerca los acontecimientos, esperando que se restablezca el orden constitucional y que se garantice la seguridad de los ciudadanos. La situación en Guinea-Bissau es un recordatorio de los desafíos que enfrentan muchos países en su camino hacia la democracia y la estabilidad.
