La tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un nuevo nivel, especialmente tras el despliegue de buques militares estadounidenses en el mar del Caribe. Esta situación ha llevado a varios países de América Latina a tomar una postura clara sobre el conflicto, en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha acusado a Nicolás Maduro de liderar el Cartel de los Soles, una organización criminal que, según él, representa una amenaza no solo para Venezuela, sino para toda la región. A continuación, se detallan las reacciones de cinco países latinoamericanos que ya han expresado su opinión sobre este delicado asunto.
Ecuador, el primer país en alinearse con Estados Unidos, ha tomado medidas concretas. El presidente Daniel Noboa emitió un decreto en el que reconoce al Cartel de los Soles como un «grupo terrorista del crimen organizado». Noboa también ha instruido al Centro Nacional de Inteligencia de Ecuador para que investigue la posible influencia de este cartel en el país, buscando identificar bandas locales que pudieran estar vinculadas a esta organización criminal.
Paraguay se ha sumado a esta postura, con su presidente Santiago Peña declarando al Cartel de los Soles como una «organización terrorista internacional». Esta declaración fue realizada a raíz de una solicitud del Senado paraguayo, que instó al gobierno a intensificar sus esfuerzos en la lucha contra la delincuencia internacional. La respuesta de Paraguay refleja una creciente preocupación por la seguridad en la región y la necesidad de actuar frente a las amenazas del narcotráfico.
Argentina también ha tomado una posición firme. El presidente Javier Milei ha clasificado al Cartel de los Soles como una «organización terrorista». Esta decisión fue respaldada por el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, que basó su postura en informes oficiales que documentan actividades ilícitas de carácter transnacional, incluyendo el narcotráfico y el contrabando. La postura de Argentina se alinea con la de otros países que ven la necesidad de actuar contra el crimen organizado en la región.
Guyana, un país que ha sido objeto de amenazas por parte del gobierno venezolano debido a disputas territoriales, ha expresado su preocupación por el narcoterrorismo y la delincuencia organizada. En un comunicado oficial, el gobierno de Guyana manifestó su «profunda preocupación» por la situación, señalando que el Cartel de los Soles representa una amenaza que no puede ser ignorada. Esta postura es especialmente relevante dado el contexto geopolítico en el que se encuentra Guyana, con tensiones territoriales que complican aún más la situación.
Por otro lado, Colombia ha adoptado una postura diferente. El presidente Gustavo Petro ha desestimado la existencia del Cartel de los Soles, argumentando que es una «excusa ficticia» utilizada por la extrema derecha para desestabilizar gobiernos que no se alinean con sus intereses. Petro ha señalado que el control del narcotráfico en Colombia no está en manos de Venezuela, sino que es gestionado por una «Junta del narcotráfico» cuyos líderes residen en Europa y Oriente Medio. Esta visión contrasta con la de otros países de la región, que ven la amenaza del narcotráfico como un problema que debe ser abordado de manera conjunta.
La postura de Chile también es digna de mención. Aunque el presidente Gabriel Boric no se ha pronunciado directamente sobre el Cartel de los Soles, un grupo de 27 senadores de oposición ha presentado un proyecto de acuerdo para que el gobierno declare al cartel como una «organización terrorista internacional». Este movimiento busca unir esfuerzos para «cercar al dictador Maduro» y adoptar medidas de investigación y cooperación que garanticen la seguridad nacional y la paz social en Chile.
La situación en Venezuela y la respuesta de los países latinoamericanos a la escalada de tensiones con Estados Unidos son un reflejo de la complejidad de la política regional. Cada país está tomando decisiones basadas en sus propios intereses de seguridad y en la percepción de la amenaza que representa el narcotráfico. A medida que la situación evoluciona, será crucial observar cómo estas posturas se desarrollan y si se traducen en acciones concretas que puedan influir en el futuro del conflicto entre EE.UU. y Venezuela.